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“Cuando el hongo Psilocybe fue sacado de la dieta, el viejo programa de primate aún estaba allí. No había sido sacado del todo; los genes siempre estuvieron allí; solo que durante 50.000 o 100.000 años literalmente nos automedicamos religiosamente. De una manera religiosa nos automedicamos cada luna nueva y cada luna llena, tal vez más a menudo, estas orgías estaban sucediendo, creando cohesión social, propagando a todo el mundo hacia adelante. El problema fue que cuando el Psilocybe salió de la dieta, ya habíamos estado bajo su influencia tal vez por medio millón de años. Habíamos evolucionado el lenguaje, una rudimentaria filosofía abstracta, un sentido religioso. Habíamos inventado tecnología en la forma de usar el fuego, piedras astilladas y todo eso. El Psilocybe se va, y de repente estas habilidades, estas herramientas, estas tecnologías, están en las manos de monos enloquecidos. Ya no eran grupos sociales humanos afectuosos y cohesionados, sino primates territoriales merodeantes, impulsados por el deseo de controlar a todos los miembros más débiles del grupo. ¡Y esa es nuestra circunstancia actual!” –Terence McKenna.

ORIGEN / HISTORIA DE LOS HONGOS PSILOCIBE

Existen más de 180 especies de hongos que contienen alcaloides triptamínicos como la psilocibina y la psilocina. Incluyen los géneros Psilocybe (117 especies), Gymnop­ilus (13 especies), Panaeolus (7 especies), Copelandia (12 especies), Hypholoma (6 especies), Pluteus (6 especies), Inocybe (6 especies), Cnocybe (4 especies) y Agrocybe, Galerina y Mycena.

El género Psilocybe es el más habitual, y la mayor parte de sus especies se encuentran en bosques húmedos sub­tropicales. México es el país en el que se encuentran más variedades de hongos psicoactivos.

Si bien se encuentran hongos psicoactivos tanto desde Alaska hasta el sur de Chile, Australia y Nueva Zelanda, Hawai, Europa, Siberia, Japón y el Sureste asiático, el conocimiento preciso acerca de su distribución geográfica no se halla muy desarrollado.

Las distintas variedades de hongos mágicos han sido utilizadas por distintos pueblos desde la antigüedad. Grupos indígenas han reverenciado las visiones inducidas por los hongos, y los han utilizado en sus rituales mági­co-religiosos para comunicarse con el mundo espiritual, lo espíritus de los fallecidos y para obtener conocimiento y sanación.

Las muestras más antiguas de un probable uso de hongos, aunque no totalmente concluyentes, pueden encontrarse en un mural en Tassili, en el desierto del Sáhara, al su­reste de Algeria. En ese mural, que data de entre los años 7000 y 9000a.C se representan hongos, así como figuras antropomorfas llevando hongos. Se especula qué tipo de hongo es el representado, y algunos autores lo han iden­tificado como Psilocybe mairei, una especie conocida de Algeria y Marruecos.

También en un mural de Selva Pascuala, en Cuenca (Es­paña), datado de entre el Paleolítico Superior (6000a.C) al Neolítico Medio (4000a.C), se pueden encontrar repre­sentaciones de hongos, que se han identificado como Psilocybe hispánica y también como Psilocybe semilanceata. En estos murales aparecen representadas figuras de to­ros, por lo que algunos autores establecen la relación del crecimiento de hongos con el hábitat, puesto que estas especies crecen en las heces bovinas.

También encontramos el uso de hongos psicoactivos en Asia. En Japón crece el Gymnopilus spectabilis, conocido como maitake (“hongo bailador”), cuyo uso quedó reco­pilado por Minamoto Takakuni en un libro de relatos, el Konjaku Monogatari, que data de finales del siglo IX d.C. Este hongo se ha conocido también con el nombre de owaraitake (“el hongo de la risa”). Representaciones pic­tóricas parietales se han encontrado también en cuevas y abrigos de Sudáfrica y Australia, entre otros sitios

En el Nuevo Mundo distintos grupos han utilizado, y uti­lizan los hongos psilocibes. En particular distintas etnias mexicanas, como los Mazatecos, los Mixitecas y los Zapo­tecas, entre otras. Se han encontrado vasijas en forma de hongo asociadas a los períodos pre-clásico y clásico de los Mayas en México, Guatemala, Honduras y El Salvador que datan de entre los años 500a.C y 900d.C y que sugieren el conocimiento ancestral del uso de hongos psilocibes. Los primeros reportes acerca del uso de hongos que hay documentados son de un indígena llamado Tezozómoc, que escribió en español en el año 1598 acerca del uso de hongos embriagantes en la celebración de coronación de Moctezuma II en 1502, en la civilización Azteca.

Existen representaciones de hongos en el arte Mexicano que sobrevivió a la conquista. Buenos ejemplos de ello son el Co­dex Vindobonensis mixteca, el Codex Magliabechiano, y los famosos frescos de Tepantitla, en la ciudad de Teotihuacan.

Reportes de los colonizadores españoles, como el de fray Bernardino de Sahagún, llamado “Historia General de las Cosas de Nueva España”, describió el uso de los hongos no solamente en celebraciones sino también en ceremo­nias religiosas, médicas y adivinatorias. En los escritos de Sahagún se describe el uso del nombre teunamacatlh (teonanácatl) para designar a los hongos psilocibes. Teo­nanácatl ha sido traducido como “la carne de los dioses”, aunque otros autores sugieren que “hongos sagrados” u “hongos maravillosos” serían traducciones más literales.

Los españoles consideraron que el uso del hongo era contrario a la moral cristiana, y en 1620 el tribunal de la Inquisición declaró herético su uso, así como el de cual­quier otra planta embriagante, y reprimieron con dureza a curanderos y a quienes ingirieran el hongo. Por ello, el uso tradicional de los hongos psilocibes pasó a la clandes­tinidad y el secretismo.

El redescubrimiento del uso tradicional de los hongos psilocibes en el Nuevo Mundo ocurrió gracias a los traba­jos de Reko y Schultes, que obtuvieron e identificaron tres variedades distintas de hongos visionarios en Huautla de Jiménez, Oaxaca, en 1938. Ese mismo año, Irmgard Weitla­ner y Jean Basett Johnson asisitieron a una ceremonia con hongos, aunque no participaron en la ingestión y por tanto no pudieron experimentar sus efectos.

En 1952, Gordon Wasson y su esposa Valentina Pavlovna empezaron a interesarse por el culto de los hongos psilo­cibes, y tras una revisión de los documentos disponibles y tras contactar con Schultes, Reko, Johnson y Weitlaner, empezaron sus viajes a Huautla de Jiménez. Durante el verano de 1955 Gordon Wasson y su fotógrafo Allan Richardson, asistieron a una velada con hongos psilocibes con Maria Sabina -una chamana mazateca- y fueron los primeros occidentales en experimentar y reportar los efectos de los hongos, y los usos tradicionales entre los Mazatecos.

 

Formulario Solicitud esporas Psilocybe Cubensis con fines medicinales, terapéuticos y científicos.

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