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Guías y aliados chamánicos

Para poder realizar muchas de sus funciones, el chamán debe contar con la ayuda de sus aliados de poder que se encargaran de protegerlo y orientarlo. El chamán cuenta con una gran gama de entidades espirituales a su disposición: los ancestros, los espíritus de las plantas y de los animales de poder y una infinidad de seres sutiles. Sin espíritus guardianes o aliados los chamanes están desprotegidos en sus trances y así poder confrontar el origen del mal que aqueja a su paciente o su comunidad. 

Para los chamanes, los animales tienen un papel destacado porque son poseedores de la fuerza vital y de cualidades muy específicas de las que carecen los humanos, como volar, tener garras, sobrevivir bajo el agua, etc; en especial algunos animales, como los grandes felinos, los osos, los venados, las aves y los reptiles como las serpientes. Los animales son, así, poseedores de ciertos poderes, por lo que se ubican dentro del ámbito de lo que está más allá del alcance humano, ya sea como deidades, como representantes o manifestaciones de las mismas, o como símbolos de diversas facultades o fuerzas. Y simultáneamente, de entre todos los seres de la naturaleza, los animales son los más cercanos al ser humano, estableciéndose así profundos lazos y convirtiéndose en poderosos aliados del ser humano.

El acto de ocuparse de los ancestros es una costumbre que se pierde en la noche de los tiempos y, que se ha mantenido hasta nuestros días en mayor o menor medida. El culto a los ancestros es una práctica originaria del mundo chamánico que está basada en la creencia de que los miembros de un clan que han muerto acceden a una nueva existencia, desde donde se interesan por los asuntos de sus descendientes. Por esta razón, desde tiempos inmemoriales, la importancia de honrar a los ancestros radica en que este rito aseguraba la buena disposición de los muertos hacia los vivos y, por ende, garantizar el bienestar de las nuevas generaciones. Por ejemplo, en las tribus taínas de la actual Costa Rica, se rendía culto a los ancestros, puesto que se creía que al morir se habían convertido en espíritus protectores con poderes sobrenaturales. Así, son los chamanes, los encargados de comunicarse con los ancestros y hacer de mediadores entre los dos mundos.

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